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Kampuchea Democrática: Socialismo hasta sus últimas consecuencias PDF Imprimir E-Mail
Por Guillermo Rodríguez González   
Wednesday, 28 de June de 2006
Ciertamente nuestro Partido no vaciló. No pasamos por un período de reforma agraria o cambio social. Saltamos de una revolución democrática popular al socialismo
Documentos del Partido Comunista de Kampuchea Democrática

Que el socialismo del siglo XXI adoptó desde sus orígenes en las últimas décadas del siglo pasado un ecologismo neo-malthusiano muy difícil de conciliar con un marxismo ortodoxo es un hecho que en muchos sentidos fue impuesto por la realidad del desplome desde adentro del modelo soviético. En esencia los ecologistas se dedican a anunciarnos catástrofes que nunca ocurren y para evitar tales catástrofes (que contra toda evidencia y experiencia siguen anunciando como el producto inevitable de la civilización ascendente) el común de los ecologistas finalmente proponen la planificación y ejecución concertada de dos políticas de reducción forzosa de la población y la producción, que requerirían un gobierno de un carácter tan totalitario y cruel que tiene un sólo precedente a pesar de que se estiman en más de 100 millones las victimas mortales del socialismo del siglo XX; de sus obviamente planificadas hambrunas genocidas; del sufrimiento de cientos de millones de victimas espantosamente aleatorias bajo el modelo socialismo soviético y chino; y aún de los exterminios raciales planificados y ejecutados por el socialismo nacional alemán... Pese a todo en más de 100 años de socialismo en el poder no se ha presentado más que un único ejemplo de genocidio tan espantoso y rápido de un gobierno sobre su propio pueblo como para servir de advertencia de las implicaciones finales de tales neo-malthusianas doctrinas, cuando proponen un empobrecimiento intencional extremo en el frente económico y severas medidas de planificación familiar forzosa por parte del Estado en el frente poblacional.

Me refiero al caso extremo de la revolución encabezada por Pol Pot en Kampuchea Democrática (Camboya) la cual fue descrita por su ministro del Exterior Ieng Sary con absoluta e indiscutible veracidad en la asombrosa declaración siguiente: “La revolución khmer no tiene precedente. Lo que tratamos de hacer nunca se había hecho antes en la historia” Y del que se ha estimado que logró en apenas 44 meses de gobierno exterminar el 21% de la población total del país y evacuar la totalidad de la población urbana vaciando todas las ciudadades. Una de las primeras medidas fue abolir completamente el uso del dinero porque como explicaba el partido comunista camboyano: “Si usamos dinero, caerá en manos de individuales¼. Si el dinero cae en manos de gente mala o enemigos, lo usarán para destruir a nuestros cuadros sobornándolos con esto o aquello¼. Ellos tienen dinero para manipular los sentimientos del pueblo. Entonces en un año, diez años, veinte años, nuestra limpia sociedad camboyana se volverá un Vietnam” al que consideraban poco socialista.

El costo de lo que estaba intentado y lo que ocurrió no estaba fuera de los cálculos del partido. Su plan económico de cuatro años de 1976 dice: “Debemos darle al pueblo un 50 menos del 100% de sus necesidades materiales de 1977 en adelante” Esto representa una indiferencia tan tremenda sobre sí las personas vivieran o murieran que es fácil entender las razones por las que el plan se guardó en secreto. Para completar el gran salto directo y sin escalas al socialismo (en la etapa del comunismo integral que en las profecías marxistas seguiría tras la dictadura del proletariado) el partido procedió a proscribir además del dinero, mercados, religión y propiedad privada de todo tipo, permitiendo únicamente la posesión individual de alguna ropa y un mínimo de utensilios personales para comida e higiene; encuadrando la totalidad de la población en un sistema esclavista de gigantescas cooperativas con jornadas de trabajo de hasta 18 horas diarias que se destacó por la cruel persecución y discriminación de los antiguos habitantes de las ciudades en el paupérrimo sistema nuevas cooperativas, además de la rapidez y magnitud del asesinato masivo y completamente aleatorio de millones de personas.

La situación evolucionó como era previsible cuando el propio partido explicaba que su socialismo era superior al de sus vecinos: “Los chinos pagan un sueldo a los trabajadores del Estado, etc. Los sueldos llevan a la propiedad privada, porque cuando uno tiene dinero, tiene que ahorrar para comprar esto o aquello” Pero que en el caso de Camboya las cosas eran mucho mejores porque como explicaba el partido: “Ya hemos derribado a los capitalistas y clases feudalistas y continuamos atacándolos más. También estamos golpeando a la propiedad privada de la pequeña burguesía, los campesinos y los trabajadores¼. Evacuamos las ciudades, lo que es nuestra lucha de clases” Lo que condujo lógicamente a que poco antes de la invasión vietnamita una alta dirigente explicará que: “Las condiciones eran muy raras. En Battambang, vi que obligaron a todos a ir a los arrozales. Los campos estaban muy lejos de las aldeas. La gente no tenía hogar y muchos estaban muy enfermos... Sé que según las directivas del primer ministro, ninguna persona anciana, mujer embarazada o lactante, o niño pequeño debía trabajar en el campo. Pero vi a todos en los arrozales, y al aire libre y el sol a plomo, muchos con diarrea y malaria” Así fue como se llevo el socialismo hasta sus últimas consecuencia a una velocidad inusitada y con logros notables en los objetivos de reducir el número de la población y el consumo de la misma, por parte del comunismo camboyano hasta su derrota militar por su menos original vecino socialista del Viet Nan.

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