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Un paso al totalitarismo: La ofensiva educativa revolucionaria PDF Imprimir E-Mail
Por Guillermo Rodríguez González   
martes, 11 de julio de 2006
Cada maestro tiene que estar casado con el modelo de República y nuestra ideología política tiene como objetivo construir la ideología socialista del siglo XXI (...) Estoy politizando la educación, ¿y qué?”

Aristóbulo Istúriz, Ministro de Educación.

Un sistema totalitario es aquél que pretende gobernar todos y cada uno de los aspectos de la vida de sus súbditos. El totalitarismo puede ser absolutamente democrático, si entendemos que la democracia no es más que la voluntad de la mayoría, y si la mayoría desea –como en efecto ha ocurrido, ocurre y seguirá ocurriendo– sojuzgar cruelmente a la minoría tenemos un primer paso hacia el totalitarismo democrático.

El problema del totalitarismo –y paradójicamente su razón de ser– es que es imposible que se sostenga el poder del gobernante sin la anuencia –al menos tácita y pasiva– de los gobernados. Maquivelo recomendaba a los nuevos príncipes aterrorizar a sus súbditos con la más cruel, rápida y terrible represión inicial de enemigos reales o potenciales, y no entrometerse mucho con la propiedad y el honor de sus atemorizados y obedientes gobernados. Esas son las calves del éxito de los gobiernos autoritarios, el temor a las consecuencias terribles de oponerse al príncipe, y la tranquilidad y prosperidad de no oponérsele. Lo gobernantes autoritarios, por lo general se conformaban con mantenerse en el poder, nombrar a sus sucesores y cobrar tributos que no fueran intolerables para la relativa prosperidad de sus gobernados. Demasiados tributos, o demasiados abusos de cualquier otra naturaleza eran semillas de rebelión, mientras que el cumplimiento fiel de las funciones propias del Estado se traducía naturalmente en un apoyo leal de los súbditos a sus príncipes.

El problema del totalitarismo es que algunos gobernantes tienen objetivos mucho más ambiciosos que sólo mantenerse el poder, nombrar su sucesor y cobrar tributos para vivir en el lujo y privilegio. Eso lo pudieran lograr –demócratas o dictadores–en medio del aplauso de los gobernados, si a ello se limitaran, cumpliendo fielmente las funciones propias del Estado sin exceder sus limites, ya que limitándose a proteger vidas y propiedades de la violencia y el fraude, la sociedad prosperar y con esa prosperidad prosperan también las arcas de gobernante. Pero decía que el problema del totalitarismo es su desmesura, pretende transformar al hombre mismo, para que de súbdito leal a un gobierno razonable, se transforme en hormiga inconsciente de la voluntad consciente del gobernante.

Socialismo y totalitarismo son indivisibles, no porque el socialista sea el único totalitarismo posible, como porque es imposible establecer el socialismo sin un poder totalitario. Podría haber totalitarismo no socialista, pero no puede haber socialismo que no sea totalitario. Un socialismo que no sea completamente totalitario, es simplemente un socialismo incompleto. La naturaleza humana hace imposible el socialismo, por lo que el socialismo intenta cambiar, nada más y nada menos, que la naturaleza humana, cosa que proclama abiertamente al proponerse la construcción del "hombre nuevo". La clave de la producción del “hombre nuevo” del socialismo, está en que dicho hombre deberá tener cerebro de hormiga, perdiendo completa y voluntariamente su individualidad en el colectivo regido un gobernante privilegiado. Figura que no existe en los hormigueros, y es por ello –entre otras cosas– que el socialismo funciona entre las hormigas y fracasa entre los humanos. Es por ello que el absoluto control gubernamental de la educación es una precondición indispensable para el establecimiento del totalitarismo. El socialismo tarda décadas en colapsar –pese a ser inviable en todo momento– en la medida que crea una mayoría de siervos voluntarios por medio del control absoluto de la educación y el empleo.

En Venezuela, la construcción del Socialismo del Siglo XXI avanza hacia el abismo al que se han dirigido todos los socialismos, y para tener una mayoría de siervos voluntarios que parados ante el abismo, den un paso al frente al grito de ¡ordene comandante! requiere un control completo y eficiente del sistema educativo como herramienta de ideologización. Y esa ofensiva, que había estado postergada por urgencias políticas de otro tipo en el pasado inmediato, se ha iniciado en firme ahora. Como de costumbre, el socialismo puntofijista del siglo XX dejó la cena servida para el socialismo chavista del siglo XXI, pues ya se había avanzado mucho en la transformación del sistema educativo en una herramienta de ideologización socialista. La cosa es que ahora se trata de darle un par de giros más a la tuerca, giros que son los últimos que quedaban por dar, y por ello los que no pueden ocultarse sino proclamarse en malignidad de método y objetivo. La educación del socialismo del siglo del XX no preparó a la absoluta mayoría para aplaudir estas últimas vueltas en la tuerca del totalitarismo educativo socialista. Pero, confían los socialistas del siglo XXI, la incapacitó para oponerse efectivamente a ello contraponiendo alternativas populares y masivas. Creo que se equivocan en eso, y de ello trataré en los próximos artículos. Espero no ser yo el equivocado en eso, porque hasta en momento habíamos visto amagos de lo que vendría, simples amagos, la ofensiva revolucionaria sobre la educación se ha iniciado ahora. Y de cómo se la enfrente dependerá en gran parte el tiempo que el socialismo del siglo XXI se mantendrá en el poder, así como la magnitud de la destrucción material y moral produzca en Venezuela.

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Modificado el ( miércoles, 12 de julio de 2006 )
 
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