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El día de ayer 13 de agosto cuando el dictador Fidel Castro (que tiene más vidas que un gato) arribaba a sus 80 años de edad, y además se recuperaba de una delicada intervención quirúrgica, recibió de nuestro mandatario Hugo Chávez que fue expresamente a visitarlo, unos regalitos.
 Hugo Chávez junto al dictador cubano Fidel Castro
Él no le pudo llevar bombones, o flores o un libro para que el enfermo cumpleañero se alegrara y pasara sus ratos entretenido, ¡no!, él fue mucho más original y no se limitó en gastos, claro como ahora Venezuela es de él de todos, quiso ser elegante y buen amigo en representación de su pueblo (aja me lo creí).
Le llevó de regalo al dictador cubano una taza de porcelana con la figura de Napoleón Bonaparte y una daga labrada con su empuñadura en mármol que pertenecieron al prócer venezolano Simón Bolívar. Sin mencionar que había un regalo sorpresa que no quiero ni imaginar, supongo que es algo con mucho más valor que los millones de venezolanos que piden a gritos un empleo, inversión o un futuro en este país. Él prefiere complacer a un viejito enfermo, que ha sido dictador por más de 47 años, tan lindo, es como para premiarlo.
Creo que en parte nos quedará una gran lección de todo ésto, de la revolución y el socialismo del siglo XXI, y es que como no nos llega el ingreso petrolero, aprendamos a trabajar y a ser productivos sin depender del oro negro o del Estado, y lo único que me duele es que piezas que deberían estar en museos a la vista de todos nosotros o en manos de coleccionistas venezolanos, estarán en la colección privada de un dictador, asesino, torturador.
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