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Una de las acusaciones más frecuentes que se le hace al actual presidente venezolano es su supuesta falta de espíritu o vocación democrática. Por el contrario, sus seguidores admiran los niveles de democracia sin precedentes que hemos supuestamente alcanzado durante los más de siete años de gobierno autodenominado revolucionario. Inclusive los más feroces opositores del chavecismo coinciden en que hace falta más democracia para solucionar los problemas del país. No sólo eso, entre los pocos defensores del derecho a la propiedad privada y el capitalismo parece haber un concenso en cuanto a que la vía más propicia para lograr el cambio hacia una sociedad más libre es el camino democrático. En este ensayo, quiero mostrar que el énfasis que se pone actualmente en la democracia es un error garrafal para todos aquellos que se dicen ser oponentes del socialismo y, por consiguiente, que el modelo de gobierno democrático debe ser rechazado y delegitimizado por quienes desean vivir en libertad.
Comencemos por definir qué es la democracia para que nos entendamos bien. Democracia es un sistema por medio del cual se seleccionan los miembros superiores de lo que es la élite que dirige el aparato del monopolio de la violencia, es decir, el estado. El método consiste en hacer elecciones y quienquiera que reciba la mayoría de los votos -independientemente de sus méritos o preparación personal- pasa a ser el jefe del estado o miembro del parlamento encargado de escribir las leyes que el resto de los mortales está obligado a obedecer.
Luego tenemos al socialismo. El socialismo es el sistema económico en el cual el estado es el propietario de los medios de producción. En un estado completamente socialista, la propiedad privada sobre los medios de producción, es decir, sobre los bienes de capital (las fábricas, herramientas, materias primas, etc. usadas para la producción de bienes de consumo final), es completamente abolida y el estado pasa a tener control total sobre la economía de la nación. Este sistema económico está destinado al fracaso, tal como lo demostrara teóricamente en 1922 el gran economista austríaco Ludwig von Mises (puede leer una versión propia del argumento de Mises en: El socialismo es imposible) y como pudimos comprobar empíricamente los que vimos caer el Muro de Berlín y el desmoronamiento del bloque socialista en Europa Oriental.
Generalmente el socialismo viene acompañado de dictaduras totalitarias (vienen a la mente Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot, Castro, entre otros) e inevitablemente de empobrecimiento general acentuado y de un proceso degenerativo de las fuerzas de la civilización. De manera que el socialismo es una fuerza negativa y barbarizante y, por lo tanto, debe ser erradicado de la faz de La Tierra si es que queremos preservar y avanzar la civilización.
¿Pero qué hay de la democracia? Apoyar y fomentar la democracia es equivalente a apoyar y fomentar el socialismo y, con ello, apoyar y fomentar la barbarie y la pobreza.
Para ver por qué, considere cuáles son los medios que tiene una persona o grupo de personas para sobrevivir en el mundo. En primer lugar, el individuo puede producir bienes e intercambiarlos voluntariamente por los bienes que producen otros individuos. Por ejemplo, el pianista, sin habilidades para sembrar papas, puede ofrecer clases de piano al hijo del mecánico a cambio de dinero. Luego, el pianista intercambia este dinero por papas producidas por el agricultor, quien luego puede intercambiar el dinero por los servicios del mecánico en la reparación, por ejemplo, de un tractor. Estos son los medios económicos o productivos de ganarse la vida.
El individuo tiene también otra opción. El pianista, renuente a trabajar para ganarse la vida, podría simplemente usar la fuerza y robar a punta de pistola las papas del agricultor. Este es el medio de la violencia, la fuerza, en fin, el método que usan las bestias. O podríamos decir que estos son los métodos políticos de ganarse la vida.
Toda forma de gobierno (no sólo la democracia), es decir, cualquier estado recurre a los medios violentos para ganarse la vida. Los miembros del estado son los únicos dentro de la sociedad con la prerrogativa de usar la violencia para obtener sus medios de subsistencia. Al proceso mediante el cual los miembros del estado extraen parasíticamente la producción del resto de los miembros de la sociedad, a punta de pistola o bajo amenaza de violencia, se llama recolección de impuestos.
Ahora bien, bajo un sistema monárquico, solamente el rey y su corte tienen este derecho. La entrada al gobierno está estrictamente limitada por las reglas de la herencia y el mantenimiento de la dinastía. En pocas palabras, cualquier persona del común de la gente está para siempre vetada de particpar en las actividades parasíticas de la familia real. Juan Bimba no puede aspirar nunca a ser rey y convertirse en el dueño del país, porque Juan Bimba no es de sangre azul. De manera que bajo un sistema monárquico, el rey y la familia real son los únicos a quienes se les permite recurrir a los medios políticos, es decir, a la violencia del estado para ganarse la vida. Ellos son los dueños del país y el resto de nosotros les debemos obediencia y tributo.
Bajo un sistema democrático, la situación empeora gravemente, pues cualquier Juan Bimba, por muy inútil e idiota que sea, se puede convertir en rey temporal, por el período para el cual es electo. Este cambio en las reglas de entrada a las posiciones de explotador parasítico es de importancia fundamental. Pues, si bien en monarquía el rey y su familia son los únicos con el derecho a proclamarse dueños de todos los bienes y tierras del país, en democracia cualquier zopenco puede aspirar a ser el dueño del país (aunque temporalmente), provisto que sea suficientemente industrioso en el arte de engañar a las embrutecidas mayorías. En monarquía, el rey y su familia son los parásitos y, por lo tanto, son los elementos más peligrosos de la sociedad. En democracia, por el contrario, todo el mundo es un potencial parásito (pues todos tienen entrada libre al gobierno, mediante las elecciones) y, por consiguiente, un potencial explotador.
Finalmente, la manera de llegar al poder en democracia es ofreciendo a las masas el botín del saqueo de la propiedad y la producción de aquellos miembros no-parásitos de la sociedad. De lo contrario ningún político sería electo jamás al cargo de presidente o asambleísta. En consecuencia, la mera idea de democracia implica por definición que toda la propiedad, de todos los individuos, cae bajo el control del gobierno democráticamente electo (de lo contrario, los políticos no podrían ofrecer nada a cambio de ser electos), es decir, democracias implica por definición socialismo.
Pero aun cuando los políticos fuesen seres virtuosos y probos, que no engañasen al electorado, todavía la democracia es una forma de socialismo (y por lo tanto, debemos oponernos a ella, de la misma forma que nos oponemos al socialismo). Puesto que el hecho que una mayoría elige a los legisladores, quienes luego inventan las leyes que nosotros debemos cumplir, implica que esa mayoría tiene control indirecto sobre nuestras propiedades. Porque el fin de toda ley producida por un congreso o asamblea es controlar, limitar o regular el uso que le damos a nuestra propiedad. Y propiedad es necesariamente control sobre bienes y productos (uno no puede ser dueño de algo, si no tiene control sobre él). En consecuencia, aun en el supuesto negado de políticos honestos y conservadores en el uso de su poder, la democracia implica un desplazamiento del control de los bienes, desde el individuo hacia el colectivo, representado por el gobierno, es decir implica un desplazamiento desde la propiedad privada hacia la propiedad colectiva, es decir, socialismo.
En conclusión, si usted aprecia a su familia, su libertad y sus posesiones, no debería estar pidiendo más democracia, porque la democracia es la que nos trajo hasta aquí y la que nos lleva camino a la servidumbre comunista. Si usted se opone al socialismo, entonces no se contradiga y pida más democracia; sea consistente y busque menos democracia y más propiedad privada.
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