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¿Por qué los regímenes socialistas siempre terminan degenerando en autocracia? En la Unión Soviética Joseph Stalin tomó el poder en 1924 y nadie lo sacó de allí hasta que murió en 1951. En China, Mao Sedong tomó el poder en 1949 y lo soltó sólo cuando la muerte se lo llevó “a mejor vida” en 1976. En Corea del Norte lo mismo sucedió con Kim Il Sung quien gobernó entre 1948 y 1994, luego de lo cual su hijo Kim Jong-il se montó en el coroto hasta el sol de hoy. Si nos vamos a Cuba, Fidel Castro tomó el poder en 1959 y no fue sino hasta hace poco que todavía era “presidente”, cargo que le delegó a su hermano Raúl Castro. Así podemos continuar sucesivamente. ¿De dónde proviene esa manía socialista de entronar a un simple mortal hasta el fin de sus días? ¿Por qué los socialistas necesitan a un Führer vitalicio siempre? ¿Por qué es tan difícil que surjan las "generaciones de relevo" o los "liderazgos alternativos" en el socialismo? En pocas palabras, ¿Por qué es el socialismo propenso al personalismo?
La pregunta tiene nueva vigencia en la Venezuela actual, con el tema de la enmienda constitucional para permitir la reelección indefinida del presidente. Me parece a mí que este fenómeno no es accidental, sino que es más bien una manifestación inevitable del sistema socialista. Primero, recuerde qué es el socialismo: es todo sistema económico en el cual los medios de producción están bajo propiedad colectiva. Según los socialistas, toda la sociedad estaría en control de los medios de producción. {mos_ri}Pero “toda la sociedad”, o “el pueblo” no son entes con vida y voluntad propia. “La sociedad” no expresa sus deseos con propia voz. Solamente los individuos pueden actuar y expresar sus opiniones y preferencias. Si alguien dice que a Larry Nieves le gusta comer sesos de mono, inmediatamente yo me levanto y digo: ¡un momento! A mí me gustan son las arepas con jamón y queso. No hay ambigüedad que valga en ese caso. Pero si alguien dice: el pueblo desea abandonar el capitalismo y adoptar el socialismo, no existe un ente llamado "Sociedad" que a viva voz y sin ambigüedades pueda decir: Sí, Yo quiero el socialismo. Ahora bien, en un sistema capitalista de libre mercado, donde la propiedad es privada, las decisiones en cuanto a cómo se maneja la economía, si cabe la expresión, son tomadas de manera independiente por millones de personas, mediante sus decisiones libremente expresadas a través de sus actos de compra o abstinencia de comprar. Si la gente necesita más neveras, el precio de las neveras tiende a subir, lo cual da una señal a los empresarios (quienes, agallúos que son, siempre andan buscando como ganar más dinero) que es necesario dedicar más capital a la producción de neveras, mientras que si por el otro lado, la gente deja de comprar hamacas, el precio de las hamacas tenderá a bajar, enviando la señal que el capital dedicado a la producción de hamacas debe ser reducido y dedicado a otra cosa (producir neveras, por ejemplo). No hay en el sistema capitalista de libre mercado ninguna autoridad central que tenga que decretar la reducción de la cantidad de capital dedicado a la producción de hamacas y el aumento del capital usado en la producción de neveras. Todo funciona de manera automática, siempre que haya precios libremente formados y la oportunidad de lucrarse como empresario. Pero estos dos elementos son precisamente los que faltan en el sistema socialista. Al socializar la propiedad, dejan de existir automáticamente los precios (y con ellos las fundamentales señales para los empresarios) y al eliminar la oportunidad del lucro, los empresarios dejan de cumplir su función de distribuir capital entre industrias. La responsabilidad de tomar estas decisiones debe recaer entonces en “la sociedad”. ¿Pero se imagina usted que sucedería si para tomar cada decisión económica “la sociedad” tuviera que manifestarse? Para aumentar la producción de neveras habría que hacer un referéndum, lo mismo para bajar la producción de hamacas y para decidir cuánto capital ha de dedicarse a la planta educativa y la infraestructura habría que hacer otro referéndum, mientras que para decidir cuantos viajes a la playa por mes usted se puede dar también habría que hacer un referéndum (para viajar a la playa se necesita transporte, el cual hay que producirlo y energía, la cual también hay que producirla y si usted está en la playa, obviamente no puede estar trabajando en la fábrica al mismo tiempo). Y estas decisiones habría que tomarlas todos los días, pues las condiciones de la economía cambian constantemente, día a día. Imagine el caos de semejante sociedad ante un evento como el colapso de los precios petroleros. A mediados de julio el precio del petróleo rondaba los 150 dólares por barril, pero dos semanas después había caído a 125 dólares (una caída de 7%). ¿Continuamos produciendo petróleo al mismo ritmo o bajamos la producción, o la aumentamos? Que “la sociedad” decida (ella es la dueña): Otro referéndum más por el pecho. Pero si bajamos la producción petrolera, la caída de los ingresos hará que haya menos demanda de automóviles. ¿Reducimos la producción de automóviles ahora o esperamos unas semanas? Otro referéndum. Y si bajamos la producción de carros, ¿por cuánto? Otro referéndum. Y como toda está interconectado entre sí, la cantidad de referenda sería astronómica. Si ya usted está obstinado con elecciones todos los años, ¡imagínese como estaría cuando tenga que lidiar con el CNE todas las semanas! Tal sistema obviamente es impracticable. Después de un mes de referenda todo el mundo estaría muriéndose de hambre en las calles. Evidentemente alguien, una persona, o una comisión muy reducida, es decir, un autócrata o una oligarquía, tienen que tomar las riendas de semejante caos. Las decisiones económicas no pueden ser tomadas plebiscitariamente, ni siquiera asambleariamente. En ausencia del mecanismo automático del mercado, es imperativa la imposición de un dictador. No es que sea una alternativa a considerar, es que si no lo haces la población se enfrentaría al prospecto de la hambruna en cuestión de semanas. El gran experimento socialista, con el cual se le devolvería el poder al pueblo, termina invariablemente otorgándole el poder a dictadores u oligarquías. Y una vez que este dictador toma el poder no hay mucha oportunidad para ponerse a pensar en sucesores, pues siempre están los eternos problemas del presente por resolver. Además de eso, las decisiones del dictador no pueden ser dudadas en demasía, pues la practicabilidad de las medidas que dicte depende de que estas sean ejecutadas diligentemente. Es por ello que en todo socialismo surge el culto a la personalidad, el elevar la figura del Führer a un nivel de semidiós, dotado del don de la infalibilidad. De esa manera el “plan de la nación” tiene un mejor chance de ser llevado a cabo. De manera que el diseño económico determina necesariamente el diseño político. Si usted desea evitar la autocracia entonces no le queda otra que apoyar el capitalismo de libre mercado. Esa es la esencia del problema.
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