|
La afirmación que todos los gobiernos venezolanos de la segunda mitad del siglo XX -al menos desde la caída del General Medina Angarita- han sido socialistas se encuentra regularmente con la estupefación de los lectores de El Liberal Venezolano. ¿Cómo se atreve usted a afirmar que los gobiernos del puntofijismo fueron socialistas, si todos sabemos que hasta 1999 quien gobernaba en Venezuela era la derecha y todos sabemos que la derecha es anti-socialista? ¡Semejante barbaridad!, exclaman los atónitos izquierdistas. Lo que descuidan o ignoran estas personas es que hay varias formas de socialismo, que difieren en ciertos de detalles, pero que comparten una raíz común: todas son profundamente formas de agresión institucionalizada en contra del individuo y su propiedad.
Lo primero que habría que hacer es definir lo que entendemos por socialismo. Por socialismo entendemos cualquier sistema económico en el que los medios de producción están fuera del control efectivo de los individuos. Otra forma de decir lo mismo es que bajo el socialismo la propiedad de los medios de producción es colectiva (los medios de producción le pertenecen a "la nación", o "al estado", o "al pueblo", etc.). En contraste, un sistema capitalista es aquél en el que la propiedad de los medios de producción es individual (la fábrica "X" le pertenece a Juan, los yacimientos petrolíferos le pertenecen a la corporación "Y", etc.).
Si uno acepta la definición anterior de "socialismo", entonces es claro que los sistemas económicos en existencia son socialistas en mayor o menor grado, dependiendo de cuán extenso es el dominio de la propiedad colectiva respecto al dominio de la propiedad privada. O dicho desde el punto de vista contrario, existen sistemas capitalistas obstruidos en menor o mayor grado, dependiendo de cuan institucionalizada está la agresión en contra de los individuos y de su propiedad privada.
Fíjese que en el párrafo anterior, implícitamente estoy poniendo en el mismo nivel los conceptos de "propiedad colectiva" y de "agresión contra el individuo". Esto podría ser motivo de discusión en algún otro momento, pero por ahora lo voy a dar por entendido por razones de espacio.
Por agresión entendemos el uso de la violencia, la amenaza de su uso o el fraude, en contra del dueño natural de un bien. Un malandro vive de la agresión a diario, cuando roba la propiedad legítima de otros en beneficio propio. Si bien las actividades criminales son formas de agresión per se, el crimen no es una forma de agresión institucionalizada, pues no cuenta con legitimidad ante los ojos de la víctima. Por el contrario, el estado, emplea medios violentos a diario y las víctimas consideran dichos actos de agresión como legítimos hasta cierto punto ("tenemos que pagar impuestos en pos del bien común").
Las diversas formas de socialismo difieren solamente en cuanto a los métodos o formas mediante las cuales el estado decide ejercer la agresión en contra del individuo para despojarlo de su propiedad legítimamente adquirida. Podríamos clasificar a los socialismos en tres categorías o "tipos ideales" distintos.
Por un lado tenemos el socialismo estilo soviético, o socialismo de izquierda. En este sistema el estado "nacionaliza" los medios de producción, es decir, se apropia a la fuerza de los bienes de capital que alguna vez fueron propiedad individual. Supuestamente este tipo de socialismo busca la "igualdad" como fin supremo (pero la igualdad es un fin imposible). En cualquier caso, es claro que bajo el socialismo estilo soviético el individuo deja de poseer cualquier tipo de propiedad directamente. Al ser parte del colectivo ("el proletariado", por ejemplo), se supone que el individuo es dueño de todos los bienes comunes.
Por otro lado tenemos el socialismo conservador, mercantilismo o socialismo de derecha. En este sistema el individuo mantiene nominalmente su propiedad, pero en la práctica pierde el control efectivo sobre ella, al tener que cumplir con regulaciones y restricciones en el uso de su propiedad. El objetivo de este tipo de socialismo es la preservación de las estructuras sociales actuales (cualesquiera que estas sean), el mercantilismo busca preservar los intereses de la clase dominante en el poder. Para hacer esto es necesario destruir el concepto de propiedad privada y el libre comercio, pues estas instituciones representan una amenaza latente contra cualquier forma de privilegio. En un sistema capitalista puro, la única forma de mantener una posición privilegiada social o económicamente es complaciendo cada vez más completamente los deseos de los consumidores, ofreciendo más y mejores productos a precios cada vez más bajo. Para ello es esencial que el empresario sea capaz de adaptarse al cambio. Pero el conservadurismo precisamente detesta el cambio. En consecuencia, para mantener el orden establecido el capitalismo, el libre mercado, la competencia y la propiedad privada deben ser destruidos.
Finalmente tenemos el socialismo de tipo socialdemocrático, tercera vía o sistema mixto. Acá nuevamente el individuo preserva hasta cierto punto su derecho a la propiedad privada, pero el estado se asigna el derecho de confiscarle porciones variables de su propiedad (vía impuestos, por ejemplo) con el objetivo de alcanzar el fin supremo de la sociedad: la igualdad entre los hombres (o la "igualdad de oportunidades" que es el eslógan de moda en estos tiempos).
Claramente, estas tres formas de socialismo que he descrito acá son "tipos ideales", es decir, en la vida real no ha existido un país que haya sido exactamente moldeado de acuerdo a uno u otro tipo. En todos los casos se han presentado sistemas mixtos, que toman elementos de un tipo de socialismo y descartan otros. No por ello, deberíamos dejar de llamar a estos sistemas socialistas, pues la característica fundamental y común siempre ha estado presente: la interferencia, a través de la coacción, con uso pacífico de la propiedad privada legítimamente adquirida por los individuos.
Visto desde este punto de vista "taxonómico", los gobiernos venezolanos del siglo XX y XXI han sido definitivamente socialistas. El estado siempre ha sido el gran propietario, con la prerrogativa de determinar en mayor o menor medida qué debe producirse, en qué cantidades y que precios, cuánto debe recibir de salario un obrero y cuántas horas debe trabajar o descansar y así sucesivamente.
No es de extrañarnos entonces que las trágicas consecuencias del socialismo (predichas hace 8 décadas por Ludwig von Mises) estén alcanzando niveles de clímax en la Venezuela del siglo XXI. Y mientras nos neguemos a cambiar radicalmente, continuaremos en nuestro camino de decadencia.
El análisis que he presentado acá se basa en el excelente libro del economista y filósofo alemán Hans-Hermann Hoppe, A Theory of Socialism and Capitalism y el cual recomiendo a quienes estén interesados en ampliar los conceptos acá discutidos.
|