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Los dueños de una empresa privada capitalista se ponen contentos, cuando aumenta la demanda por el producto que venden. Después de todo, más demanda significa más ventas, más ingresos, más ganancias. Si se prevé que el aumento en la demanda será sostenido y duradero, quizás hagan falta mayores inversiones para ampliar la capacidad de producción que permita satisfacer las ampliadas necesidades de los consumidores. Cuando se trata de la energía, bajo un modelo socialista de producción, todo es al contrario.
La Agencia Bolivariana de Noticias informa que los recientes incrementos en la demanda energética en el estado Nueva Esparta, tienen en alerta a las autoridades, pues estas temen que se produzcan "alteraciones" en los niveles de suministro.
Según la nota de la ABN el pasado primero de agosto, la empresa Seneca, encargada de la generación y distribución de energía eléctrica en Nueva Esparta, registró el nivel de demanda más alta en su historia. Los 245 megavatios (MW) que se generaron y distribuyeron ese día superaron los 243 MW generados y distribuidos por estas mismas fechas el año pasado.
Ante esta situación, el gerente de la planta de generación eléctrica "Luisa Cáceres de Arismendi", propiedad de Seneca, urgió a los neoespartanos a hacer un uso "más racional" de la energía:
Debemos hacer un mayor esfuerzo por reducir el consumo de electricidad y por hacer un uso eficiente del servicio, a fin de contribuir a minimizar las fallas que pudieran generarse por exceso de demanda en nuestro sistema eléctrico
¿Por qué? ¿No debería estar Seneca supercontenta de que la demanda por el producto que ellos venden esté en aumento?
Fíjese usted la diferencia entre el vino y la electricidad. El vino es producido y distribuido básicamente bajo las reglas del libre mercado. La competencia reina entre variadas empresas nacionales y extranjeras. En noviembre de 2002, la revista Producto informaba que
Las empresas representantes y productoras de vino y champagne amplían sus portafolios para satisfacer una demanda cada vez más exigente en el mercado venezolano y depositan su confianza en el fomento de la cultura vinícola, como medio para promover el consumo
Es decir, una situación diametralmente opuesta a la de la electricidad. Los productores de vino quieren que haya más demanda y en consecuencia quieren promocionar y estimular el consumo. ¿Se imaginan ustedes a Bodegas Pomar pidiéndole a los consumidores hacer un uso más racional del vino? Completamente absurdo. Sin embargo, eso es lo que sucede cuando se socializa la producción de cualquier bien. Si el estado tuviera el monopolio de la producción de vino, eso sería lo que veríamos. Los productores de vino no se darían abasto con la demanda y le pedirían al público un uso más racional del vino.
¿Y por qué es inevitable que suceda esto cuando se socializa la producción de algún bien. El problema es que bajo un esquema de producción socialista no existe forma racional de conocer el precio de un bien. El precio del kWh que fija la empresa Seneca es completamente arbitrario, es el producto de un arreglo político entre la empresa "privada" y el estado que le otorgó el monopolio de la producción y distribución de energía eléctrica en la isla. En contraste, el precio del vino es en gran medida producto del balance entre la oferta y la demanda. Si hay más demanda que oferta, el precio tiende a aumentar hasta alcanzar equilibrio. Si la oferta supera a la demanda, el precio tiende a disminuir hasta alcanzar equilibrio. En este proceso se revelan las preferencias de los consumidores. Un aumento del precio del vino indica a los productores que los consumidores desean más del producto y los induce a retirar capital de otras áreas de la economía e invertirlo para aumentar la producción de vino.
¿Pero hasta qué punto se justifica una disminución en la producción de, por ejemplo, uvas pasas o uvas frescas para compensar el aumento en la producción de vino? Después de todo, la producción mundial de uva podría dedicarse en su totalidad a producir vino. Similarmente, todos los recursos energéticos del país podrían usarse para generar electricidad para suplir a la isla de Margarita. ¿Cómo decidir cuánto de cada bien de capital dedicar a la producción de cada bien de consumo final? El modo de producción socialista está completamente ciego en este aspecto, tal como lo evidencia la situación de Seneca en Margarita. El modo de producción capitalista tiene a los precios acordados voluntariamente por vendedores y compradores en el mercado libre como guía esencial. Donde hay precios en aumento, hay una señal para los empresarios y capitalista que existe una demanda insatisfecha y que son los consumidores, al comprar voluntariamente los que piden más. Donde hay precios en declive, la señal indica que los recursos utlizados en la creación de dicho bien están siendo desperdiciados desde la perspectiva de los consumidores, pues estos prefieren pagar precios más altos por otros bienes de consumo. Se induce entonces una reducción del capital usado en esta línea de producción y aumento en otras líneas de producción.
Los cambios no son instantáneos, por supuesto. Ni los empresarios son infalibles en la detección e interpretación de las señales que los consumidores envían por medio del mercado. Pero la imperfección y falibilidad del mecanismo del mercado dista considerablemente del caos, el desperdicio, las escasez o los excesos que genera la socialización de la producción.
Mejores precios, mayor calidad y más racionalidad en el uso de los recursos sólo pueden ser alcanzados si se acaba con el monopolio que empresas como Seneca usufructúan.
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