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sábado 19 de mayo de 2012

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Nunca jugaré al golf, pero defiendo la propiedad privada PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Domingo Alberto Rangel M.   
Jueves 21 de Septiembre de 2006 18:50

Para los seguidores de teorías basadas en que la historia está escrita sobre la base de conspiraciones las patanerías del alcalde Metropolitano de Caracas son parte de un teatro chusco cuyo guión contempla que mientras el Presidente esté de viaje personajes menores –como el periodista y profesor universitario Juan Barreto por ejemplo- fomentarán tanto caos como puedan hasta el punto que al retorno del ciudadano Hugo Chávez la gente le pida de rodillas al Presidente que meta en cintura a sus locos. Viejo truco, que practicaba el doctor y general Antonio Guzmán Blanco cuando buscaba aclamación.

Así mismo hay quien dice que todo forma parte de un siniestro plan concebido para subir la aceptación de los alcaldes de Primero Justicia cada vez que sus puntos caen, ya sea porque la gente comienza a compararlos a uno con Irene Sáez y al otro con cualquiera de sus predecesores, o porque repentinamente les da por pelearse entre ellos y la gente les reclama la infantil irresponsabilidad.

Esta gente, amiga de explicarlo todo conspiraciones por delante, jura que la pasantía por la DISIP de Henrique Capriles Radonski hizo olvidar a los electores lo descuidada que está Baruta y que a raíz los barrigazos y escupidas que supuestamente Barreto le propinó la semana pasada de nuevo se repite el efecto y sus acciones están en alza.

Puede ser o no ser porque quienes repiten este tipo de explicaciones basadas en conspiraciones jamás aportan pruebas: Se trata de afirmaciones más o menos hiladas sobre las cuales o se tiene fe o igual se piensa que se trata de otra charlatanería, como la virginidad de los ángeles.

Pero en el lamentable episodio del Concejo Metropolitano de Caracas hay cosas de fondo, más allá de otras minucias como las patanerías, barrigazos, escupitajos y una capacidad de aguante digna de Ghandi que demuestran tener los alcaldes de Primero Justicia cuando en vez de levantarse con la dignidad y arrojo que demostró el rector de la Universidad de Salamanca, Don Miguel de Unamuno ante los denuestos del general fascista José Millán-Astray... prefieren guardar la compostura y mirar para el techo o leer comentarios en el T-motion.

Me refiero a que el alcalde Barreto se arriesgó más allá de lo calculado cuando nuevamente insinuó la expropiación de unos campos de golf –ahora le tocó el turno a los de La Lagunita pero antes se había referido al Caracas Country Club- en la creencia, correcta por lo demás, que en Venezuela no juegan ese deporte ni la cien milésima parte de la población. En eso acertaron los que le indicaron a Barreto agredir a quien se supone carece de padrinos así que en la lista seguirán los campos de Maracaibo y Valencia porque no faltarán imitadores de Barreto. Pero, en lo que no acertaron fue en la parte de las expropiaciones en sí mismas.

Como juez de paz me tocó actuar en el barrio de Ojo de Agua –Baruta- a raíz de la amenaza de invasiones por parte de ciudadanos que se supone fueron trasladados hasta el sitio a invadir en autobuses pagados por la Alcaldía Metropolitana de Caracas. La situación era “tensa”.

Ahora bien, si Juan Barreto hubiese estado allí habría constatado que en ese barrio la gente protegió voluntariamente todo terreno limpio mediante el sencillo procedimiento de hincar en la tierra pequeños carteles con la frase “Propiedad Privada”, a veces escrita con ”v” y a veces con “b” lo cual no es culpa de la Misión Robinson sino más bien de la educación formal que tenemos.

La propiedad privada, bastante intervenida en Venezuela a raíz de las últimas Constituciones, tiene dolientes –entre los que se cuenta este escribano- a pesar, o probablemente a consecuencia, del empobrecimiento de la población. Proceso que comenzó, poco a poco y paradojicamente, en el último año del boom petrolero de la primera presidencia de C. A. Pérez.

Pienso que las patanerías del alcalde Barreto, aún cuando no constituyen delito, pueden ser en todo caso denunciadas ante el Concejo Moral Republicano y luego sentarse a esperar la decisión sin hacerse mayores ilusiones por lo que sabemos.

Si, pero el episodio revela más que el hilo dental que usan algunas jovenes en las playas de moda: La clase política venezolana y la jauría mediática enfocan la atención en personalizar el insolente ataque del ciudadano Barreto a los alcaldes de Primero Justicia. En vez de reclamar lo que en el fondo postula el alcalde Metropolitano que es peor que los insultos y presuntos escupitajos.

Como si el gordo Barreto hubiese insultado, ironizado y escupido a los municipios Baruta y Chacao del estado Miranda –craso error porque entonces toca asimilar los insultos al Presidente de la República como el ataque a la Nación venezolana, y no se podrá atacar a Manuel Rosales porque sería atacar al Zulia.

A mi modesto entender lo que se debe rechazar con vigor es la negación de la propiedad privada que es la base de persistencia de la familia y el principal motor de progreso humano conocido.

Allí debemos colocar el énfasis del debate: O colectivismo o individualismo. En el primer caso podemos seguir como estamos –estilo Chávez y Rosales- o llegar incluso al comunismo –como postula el alcalde Barreto-, en el segundo se puede comenzar a recobrar la senda de la prosperidad. Así las cosas

Última actualización el Jueves 21 de Septiembre de 2006 18:58