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La candidatura del gobernador Rosales despierta el lógico interés de quien teniendo en sus manos la hucha que significa una gran gobernación y se ve favorecido por los grandes medios, se atreve, como él dice, a retar un Presidente bajo cuyo mandato se ha acelerado el empobrecimiento de la población en términos generales, a pesar de haber gozado el Venezuela de seis años seguidos de bonanza petrolera.
Este interés del país por la candidatura del gobernador Rosales, apartando los esfuerzos unitaristas que se le deben reconocer, es el mismo que en su tiempo despertaron otros candidatos en el elector, como fueron en su tiempo los casos de Luís Herrera Campins y Jaime Lusinchi, incluyendo en este recuento los segundos debuts de Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez y también los intentos fallidos de Eduardo Fernández, Oswaldo Alvarez Paz, Henrique Salas Romer y Francisco Arias Cárdenas, para hablar de otros socialistas que no se llaman Hugo Chávez Frías. Candidaturas que como es sabido terminaron, las unas en presidencias desastrosas que en parte explican los problemas que desde entonces aquejan a la sociedad venezolana, y otras en derrotas, sobre las cuales no se fundó nada duradero. ¿Alguien recuerda al partido Unión?
Con esto no recomiendo con sorna que el zuliano deba adoptar inevitablemente como lema de campaña el “Manuel es como tú” o “Rosales arregla esto”, estribillos que no faltarán publicistas dispuestos a vender en versiones actualizadas como si se tratara de productos genuinos, porque eso es lo que hacen los publicistas cuando olfatean que hay quien pague sus servicios.
No lo hago porque admito que el gobernador del Zulia aún siendo heredero de AD es sin embargo un hijo de los confusos tiempos que corren más que del puntofijismo que descansa en paz. Un hijo estatista y socialista, eso si.
El problema está en que la realidad de los hechos llevaría a Manuel Rosales, si acaso llega a triunfar o le permiten que lo haga, a encabezar un gobierno como los de Jaime Lusinchi o el doctor Caldera y su corrupto e ineficiente chiripero.
Al menos es lo más probable porque no se pueden esperar peras del olmo y la plataforma del candidato Rosales representa el punto de vista de un pasado que no debe volver. De un pasado estatista, bonchón e irresponsable y de una clase de políticos que hacen vida en Caracas los más, pero que también proliferan en las regiones.
Políticos insensibles a pesar de las tonterías que afirman en sus cotidianas declaraciones a los medios, que carecen de contacto con el país del día a día porque su estilo de vida los obliga a pasar el tiempo de restaurante en restaurante y de conspiración en conspiración, cuando no están declarando ante los medios. Políticos estatistas que jamás podrán servir al supremo fin de permitirle a los venezolanos enriquecerse con su propio esfuerzo.
No se trata de una afirmación gratuita ni es el retrato hablado de una de las facciones de Primero Justicia —la más mediática— toda vez que es evidente que cuando entre aplausos y abucheos —cosa extraña en la presentación a la prensa de un comando de campaña— se iban levantando los operadores políticos de Rosales para saludar y aparecían ante las cámaras de la TV los fantasmas de la Coordinadora ahora en eterna reedición.
Julio Borges juega a ser agua tibia
La tesis que acabo de exponer no me pertenece en exclusiva porque lo que vengo señalando desde hace varios años es lo mismo que acabo de leer en las desgarradoras confesiones que Julio Andrés Borges le hace a Roberto Giusti y que este, junto con Fausto Masó, han convertido en libro cuyo título lo dice todo “Borges arrecho: arremete contra todo” y donde el Presidente de Primero Justicia hace un recuento de disparates y malandrerías de la dirigencia mediática que llevó a la oposición a adorar como si se tratara del becerro bíblico a unos militares bobalicones cuando no corruptos y violentos, que abandonaron los cuarteles para instalarse en la Plaza Altamira como si fuesen una banda de hippies. En el libro Borges se refiere en sus agudas críticas a la dirigencia desconectada de la realidad que llevó al país al despeñadero del paro petrolero y al referéndum “blindado”, etc.
Con esa gente Rosales y sus maracuchos difícilmente podrán ganar una elección, pero, en caso contrario, no van a convencer a un país que amerita cambios verdaderos, cambios basados en el liberalismo clásico.
Por ello, porque Rosales jamás podrá convencer con esa rémora que es su propia plataforma ideológica, a lo que debemos sumar los operadores de la extinta Coordinadora, es imperioso comentar su lanzamiento más o menos en la tónica del rector Unamuno cuando le restregó la realidad al insolente general José Millán-Astray en el paraninfo de la universidad de Salamanca.
Para Borges el libro será una pesada carga que tendrá que llevar de aquí a diciembre porque si lo que dice en sus páginas es verdad, que parece serlo, entonces pierde el tiempo en el comando de Rosales y lo que debería hacer es abandonar la paparrucha de ser “de centro”, como el agua tibia y apoyar una plataforma de gobierno liberal.
Los otros
El problema para el elector independiente, que es parte de la verdadera mayoría estriba, en que los otros candidatos que hay tampoco van a convencer en el hipotético y mágico caso de ganar las elecciones de diciembre.
La tarjeta de débito millonaria y gratuita para todo semoviente que se declare desempleado, que propone Rosales, y que sin duda será aplaudida por los perezosos que ya no tendrán ni siquiera que levantarse de la cama para ir a cobrar, compite en grado de destrucción nacional con el whiskiducto entre Escocia y Venezuela de Benjamín Rausseo y hasta Caldera Infante tiene el tupé de explicar con cara de pánfilo que va a combatir la corrupción.
El voto nulo
Por los momentos y ante este escenario habrá que esperar por la inscripción de una candidatura anti sistema, que no es la de Rosales, o en su defecto prepararse para dejar de votar.
En caso de llegar a esta conclusión habrá que exigirle al CNE un espacio para anular el voto en diciembre para evitar que a uno lo confundan con otros electores. Si ninguno te convence... entonces vota “por ninguno”.
Ortega
A la persona que pregunta si será verdad que Ortega se escapó le contesto que en un país donde los conductores no respetan los semáforos, donde a pesar de Vielma Mora la gente evade los impuestos y orina en las calles, ¿Qué tiene de extraño que un preso se escape de una cárcel militar?
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